La huida interminable. Camino de Santiago por Aniano Gago

La huida interminable. Camino de Santiago por Aniano Gago

Por Aniano Gago

 “ Todos necesitamos huir, escaparnos, dejar limpia la cabeza, abrazar lo indefinible. Para eso pasamos altos de montaña, subimos por cerros pronunciados, bajamos por pendientes pedregosas y andamos por llanos interminables con sol, viento, frío, lluvia o nieve.”

Dejó dicho Heráclito de Efeso que “el mismo camino que sube, baja”. Esta sencilla enseñanza debemos aplicarla de inmediato cuando iniciamos el Camino de Santiago, ese camino que son muchos caminos, muchos cruces, muchas rutas hacia Santiago de Compostela, a esa campo de estrellas que cita cada año a más de cien mil personas. Puede ser el Camino Francés, o el de los Pirineos, el del Norte, o de la Ruta de la Plata, o el de Valencia, o el de Madrid. Todos son buenos para emprender una aventura interior que se abre al exterior a través de paisajes cambiantes, monumentos sorprendentes, bosques impensados, ríos, lagos, embalses. El Camino de Santiago es una caja de sensaciones siempre nuevas. Por eso hay personas, muchas, que hacen cada año alguna etapa del Camino.

Explicar lo que es el Camino de Santiago, definirlo, acertar como si fuera una quiniela, es imposible. Porque para cada persona tiene un fondo, un significado, un motivo. Cada uno de nosotros somos diferentes y nunca la misma experiencia es igual para todos. Depende de nuestro sentido de la vida, del concepto religioso, del espíritu que nos anima a andar. Depende de muchas cosas, de muchas ideas, las que tenemos y que no siempre coinciden. Incluso aunque sean semejantes tampoco la experiencia es igual.

Hay mucha literatura escrita sobre el Camino de Santiago, y no siempre se parece. Cuando uno lee a Walter Starkie, el gran escritor del Camino, que lo hizo cuatro veces de forma intensa, moviéndose por todos los aledaños del Camino Francés y los Pirineos, y también en el del Norte, descubrimos que se pueden tener grandes conocimientos históricos, incluso saber leyendas sorprendentes y mezclarlas con gran sentido religioso, pero eso no quita que cada día se tenga sensaciones distintas, imágenes diferentes e impresiones no esperadas. Le pasaba en cada una de sus citas con el Camino de Santiago al irlandés Walter Starkie y le pasa a cualquier peregrino.

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TRES CITAS PROPIAS 

Personalmente he tenido tres citas con el Camino Francés, en momentos distintos, años diferentes y otros compañeros. Y las tres citas han sido momentos inolvidables por el esfuerzo, por el compañerismo, por la sensación de solidaridad que desprende el Camino, por la variedad de personajes que lo hacen, por los paisajes cambiantes, por las iglesias, ermitas y catedrales que podemos admirar, por los pueblos y ciudades que atravesamos, por el esfuerzo, por el frío, por el calor, por la lluvia, por la sed, por el hambre. Todo eso junto conforma una experiencia que trasciende a lo cotidiano, al día a día, una sensación de vencer el estrés, el agobio del quehacer diario. Por eso uno quiere estar en el Camino. Uno de mis entrañables compañeros de la cita anual dice que la clave está en la huida, que la gente huye de si mismo, que el Camino no tiene parada, que en él no tenemos nada, ni riquezas ni pobrezas, pero tenemos kilómetros y kilómetros por delante en busca de una meta que existe, en Compostela, pero que en realidad no es verdad porque una vez llegados allí, hay que volver a empezar. Es un poco como la vida: siempre estar empezando.

CON TODOS Y A TIEMPO

Puede que tenga razón mi amigo y todos necesitemos huir, escaparnos, dejar limpia la cabeza, abrazar lo indefinible. Y para eso pasamos altos de montaña, y cerros pronunciados, o bajamos pendientes pedregosas, o andamos por llanos interminables, como en Castilla y León, donde no hay ni un árbol para cobijarse del sol cuando este en verano es inmisericorde. Porque sí, porque queremos, porque necesitamos encontrarnos con la dificultad para saber que podemos vencerla. Llevamos en el alma el reto, el compromiso, y el Camino es un lugar perfecto para hacer ese ejercicio. También el deportivo, aunque no en todos los casos, porque hay gente que va a rastras, que maltrata su cuerpo; gente que ha llegado a morir allí. Son muchas las cruces permanentes en el Camino, que dan muestras de esa realidad. También es cierto que hay personas que cuando saben que su vida está en el final van al Camino a morir. Saben que pueden morir allí. Así de complejo es todo, así de ininteligible puede ser la cita peregrina.

Que lo sepamos, que entendamos que esto es así. Y que hay alegrías, pero también sufrimiento. Pero siempre, para todos, será una experiencia única, distinta, sorprendente. Y conozcamos también la enseñanza del gran poeta zamorano León Felipe: “no es lo que importa llegar solo ni pronto/sino llegar con todos y a tiempo.” Pues eso.

 

Lee el artículo en las páginas 6 y 7 de Revista Turismo.